Atravesé el umbral de mi propia existencia
acariciando el suave devenir del tiempo,
haciendo memoria de como sabían tus suaves labios
que me llenaban de amor,
de bonitos recuerdos.
Que sueños tan fugaces,
que dulces las sensaciones,
cabalgando en una nube
llena de ilusiones.
Pero me escondía en mi mismo
buscando aquellos
momentos
que me
llenaban de felicidad.
Tus recuerdos me rodeaban y apretaban
sin dejarme ir,
pero el tiempo nos hacia perder
el sentimiento de querernos,
de esperar que los días pasaran
para vernos,
pero el tiempo es tan efímero
que sin quererlo se iba esfumando
como el agua se desliza de entre las manos,
de sentir como se apaga la llama perenne del amor.
Llame a tu puerta,
no hobo respuesta y la amargura reinó,
grite en la soledad de mi habitación,
grité y grité, lloré
pero el sonido se enmudecía,
volví a apretar los puños con rabia
hasta que comprendí
que todo llega, que todo pasa,
y en la línea delgada del tiempo
solo conviven
el pasado, presente y futuro
en una misma utopía
y que nos encontraremos allá
donde las estrellas
recorran libres en un espacio
donde tu y yo
no seamos
nada, solo una ilusión…
que se desvaneció
en el tiempo.