La reflexión, es el arma
que blando ante la ignorancia,
ante la duda
que me hunde en la oscuridad de la noche.
Apretando los puños,
frunciendo el ceño
e intentando respirar pausadamente
para tener la mente clara.
La llama que quema
mi interior no se apaga
solo con gestos.
El león no ruge
solo para llamar a la hembra,
ruge para ahuyentar al enemigo,
para sacar la fuerza,
su energía vital.
Mi espada la desenvaino
con la velocidad que mi practica exhausta
me ha ido desarrollando,
pero la valentía no se mide
solo por querer luchar
sino por el deseo
de no querer desenvainarla.
Las enseñanzas del maestro
te llevan a la templanza
y a la conclusión
de que sin la voluntad de tu espíritu…
no hubieras alcanzado el grado de maestría
para llegar donde has llegado
y hacer realidad el sueño
de alcanzar el control necesario,
para esculpir la necesidad
de ofrecer tu alma y tu cuerpo
a la bondad y a la esperanza,
y que tu
espada descanse
en el lugar donde descansan los guerreros
que al final de sus días
se han dado cuenta
que la violencia o la guerra,
no llevan a ninguna parte.