Te vi pasar,
te vi en mis sueños,
sueños noctámbulos de noches nostálgicas
y quise abrazarte,
pero te esfumaste
como se esfuma la niebla cuando sale el sol.
Quise agarrarte
pero tu piel
escurridiza
se deslizaba de entre mis manos.
Quise hablarte
pero mi voz se volvió ronca,
las palabras salían mudas de deseo.
Y lloré,
lloré hasta que mis lágrimas
quedaron secas,
aunque no vacías de sentimiento
comprendí en mi fantasía que…
la noche no puede existir junto al día,
ni la vida se mantiene
cuando llega la muerte
todo tiene su momento.
Fuimos dos espejismos
con una esperanza rota
que se quedaron exánimes
en un recuerdo de nuestro pensamiento.