El tren llegó a su hora,
la estación estaba vacía
y su corazón roto.
Esperando pasaron las horas,
pero no vino nadie,
solo el silencio,
solo la sórdida ausencia de lo esperado.
Ver que estaba sola
era su triste realidad.
La sensación
se hizo escurridiza,
los sueños volaron,
las ilusiones se esfumaron,
y entre la noche y el día
se desvaneció su deseo,
porque cuando el amor dice adiós
es como una fantasía
que parte hacia lo infinito,
que se va para no volver.
El tren llegó a su hora,
pero venía vacío
la decepción, la tristeza
caminaron juntas cogidas de la mano
una al lado de la otra,
hasta que las acompañó una lagrima
que perdida se deslizó por la mejilla.
El tren partió y con él…
la esperanza y el
amor.