buscando el cielo,
pero abrí mi corazón pidiendo amparo
volando en mis sueños como un pájaro
y pidiendo a Dios respuestas.
Abracé la vida como una enredadera
que se agarra a un árbol sin dejar ni un milímetro
de separación entre ella y él,
pero las respuestas no llegaron.
El tiempo pasa,
se va acabando,
mi alma solloza herida
entre las aguas de un océano
que bravío te revuelca sin dejarte salir de él,
queriendo agarrarte a lo primero que encuentres.
El deseo de encontrarte
con lo bello que te da la vida
se cruza con la auténtica realidad…
la maldad, el rencor o el odio.
Al final, valoras los sueños
donde la fantasía corretea
de un lado para otro
buscando esas ansiadas respuestas
y tratando de enterrar esa flor marchita
que pueda hacer de uno,
parte de esa realidad que nos envenena.
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