Soñando vivió,
con las lejanas tierras
que habitaban en su mente,
con la luna brillando en las noches calurosas,
con el sonido de los grillos enturbiar el silencio
y las estrellas fugaces corretear por el cielo.
Soñando vivió,
con el aroma de la dama de noche y el jazmín,
con la sensación relajada de sus días
y la ilusión de permanecer allí siempre
entre sus pensamientos y recuerdos .
Soñando vivió
con la felicidad de superar la añoranza,
atrapando la alegría día a día,
apagando los suspiros con la risa,
absorbiendo la esencia de sus sutiles olores.
Y soñando murió
compartiendo sus anhelos
con el silencio y la quietud del tiempo,
viviendo en el aire de sus lejanas tierras,
pero alcanzando sus deseos eternamente.
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